En estas fechas hará un año que me vine a vivir a Barcelona y si hay algo que me ha llamado la atención (a parte de que tiren a la basura los tomates después de untarlos) es lo escatológicas que son las navidades por aquí.

Por todos es conocido el caganer o cagón, según las comarcas. Típico muñeco dejando un regalito (no precisamente para el niño Jesús) que no puede faltar en el belén.
Pero algo totalmente desconocido para mí y que me impactó ha sido el cagatió.

Básicamente consiste en un tronco al que se le pinta una carita. Los niños le van dando comida (leáse desperdicios) cada día y se le tapa con una manta para que no pase frío por las noches. El día de Navidad o la víspera, los chavales se lían a palos con el pobre tronco hasta hacerle cagar chucherías y dulces de navidad.
Para que os hagáis una idea no hay más que ver la canción que se recita durante “el linchamiento”:
Caga tió -caga tió-
ametlles i torró -almendras y turrón-
no caguis arangades -no cagues arenques-
que són massa salades -que son demasiado salados-
caga torrons -caga turrones-
que són més bons -que son más buenos-
Caga tió -caga tió-
ametlles i torró -almendras y turrón-
si no vols cagar -si no quieres cagar-
et donaré un cop de bastó -te daré un golpe de bastón-
Caga tió!
En fin, con toda esta charla sobre cagadas sólo me queda decir una cosa:
¡¡Bon Nadal i Feliç Any Nou!!











